El origen de las banderas

Aunque todavía el origen de las banderas puede ser confuso, se considera que fueron utilizadas por muchos pueblos de la Antigüedad para dar órdenes en batallas.

Las banderas han existido casi desde la aparición del hombre en la Tierra, de hecho, hay indicios de ejemplares fechados en torno al año 5000 a. de C., cuando respondían a la definición de vexiloides y consistían en tocados con ornamentación de plumas que solían llevar los jefes de las tribus.

Gracias a historiadores, aficionados y amantes de este tema, se ha ido sabiendo que los pueblos siempre han estado unidos a símbolos con los que se identificaban y que no es nada nuevo que se sientan representados por ellos; así, por ejemplo, la ballena se relaciona con los asirios, la paloma con los babilonios, el apis con los egipcios, la tau –la letra te griega– con los hebreos, las tres coronas con los medas, etc.

En Persia se halló el primer vestigio de lo  que fue una bandera.  Se trata de una placa de metal labrada de más de 5.000 años de antigüedad. También aparecieron restos de estandartes  en una tabla de piedra tallada, del 3400 a. de C., perteneciente al rey egipcio Narmer,  se conserva en el Museo de El Cairo y en ella se puede ver una procesión de hombres portando vexiloides, antecedentes de las banderas.

Los vexioloides eran palos largos de maderao de metal adornados en su parte superior con pieles, huesos tejidos, piedras preciosas…etc

En el relato de la salida de los hebreos de Egipto (Antiguo Testamento) aparecen alusiones a las banderas  “Los israelitas acamparán cada uno junto a su guión, bajo las enseñas de sus familias”.

En china fue donde se encontró la primera bandera tal y como la conocemos hoy, estaba hecha de seda. De los chinos pasó a los mongoles, cuyo ejército, comandado por Ghengis Khan, fue el primero en emplearlas como forma de comunicación; desde allí pasaron a la India, Persia, Roma –que copió con descaro el emblema del águila imperial de los vexiloides persas y los usó con profusión– y al resto de Europa.

En las milicias romanas aparecieron los primeros estandartes denominados vexillium. Estaban formados por una barra en forma de cruz con los símbolos de la legión en el anverso

Durante la Edad Media, los estandartes comenzaron a utilizarse para representar a los reinos que poseían tierras y dominios, y también se estrenaron como señal de distinción en el mar. El rey Eduardo I de Inglaterra (1297) fue el primero que obligó a sus barcos a emplearlas como signos de identificación nacional.

Los estandartes se generalizaron entre la nobleza feudal a partir de la Edad Media, en los que se estampaba el escudo de armas de cada familia y sus colores.
Con las Cruzadas, este emblema se volvió un emblema representativo genérico y de afinidad grupal, sirviendo en Tierra Santa para orientar a los Cruzados durante las batallas y facilitando el reencuentro de los cruzados tras finalizar los combates. Estas insignias empleadas por los soldados de las Cruzadas iban a servir más tarde para blasonar las ciudades.

Fueron los genoveses quienes a mediados del siglo XII comenzaron a señalar los edificios de utilidad pública y los navíos con escudos y estandartes que llevaban impresa la cruz de San Jorge.

Las ciudades fueron adoptando diferentes banderas como símbolos y en el siglo XVI se produjo la estandarización de los colores y los signos. Así, banderas tan revolucionarias como la francesa –de 1794, patrocinada por Lafayette y que unía los colores de París, azul y rojo, con el blanco de los Borbones– y la americana son uno de los símbolos de la Era Moderna que logró derrocar al Antiguo Régimen; las banderas comienzan así a representar ideologías.

Hacia 1875 aparecen las primeras enseñas nacionales y las de los clubes marítimos, y a partir del siglo XX se institucionalizan las banderas de gobiernos, agencias oficiales, fuerzas armadas, universidades, partidos políticos, marcas comerciales, clubes de fútbol.

Se considera que la bandera estatal más antigua es la Dannebrog, bandera danesa que tuvo su origen sobre el año 1219.

Las banderas deben ser claras, sencillas y distintivas. Son un elemento de comunicación, de identificación de un grupo. El factor más importante para que perduren es que sean aceptadas por las personas a las que representan; si no hay identificación, es absurdo que existan, dice Tomás Rodríguez Peñas, tesorero de la Sociedad Española de Vexilología (SEV).

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